A Jorge Glas lo pescan delinquiendo – 4pelagatos

Los correístas andan alborotados y si se mira bien aquello que Rafael Correa escribe en su cuenta de Twitter -es un ejemplo- es obvio que no saben qué decir para contener lo que no pueden negar. La causa de su desconcierto es un vídeo que publicó Código Vidrio de una reunión entre Jorge Glas y José Luis Cortázar el 5 de febrero de 2014. Glas era Vicepresidente de la República y Cortázar director de la Agencia de Regulación y Control Hidrocarburífero.

Sus reacciones oscilan entre el sarcasmo y la descalificación. Nada dicen sobre el contenido del vídeo en el cual lo que menos importa es el cumplimiento de la Ley: importa la astucia, reivindicada, de no dejar huellas. Glas parece el inspirador de la asambleísta Rosa Cerda que acuñó una célebre máxima: “si roban, roben bien, justifiquen bien pero no se dejen ver las cosas, compañeros”.

Ningún comentario hacen los correístas sobre la existencia del vídeo que Cortázar avaló como real. Pescado in fraganti, dijo que había sido manipulado. Una confesión no solicitada que no deja duda de que sabía de su existencia y de que posiblemente fue él quien lo grabó. Y como Cortázar era hombre de Correa, hay que suponer que él, un funcionario de menor cuantía, espiaba a conciencia a Glas que era el vicepresidente. Hecho curioso: Glas si no lo sabía, lo intuía: de ahí su apunte, tan conveniente como oportuno, en el cual pide a Cortázar no dejar nada por escrito porque después podrían ir contra Correa…

Tampoco los correístas dicen nada sobre el intercambio entre esos dos ex funcionarios que pone de manifiesto conductas ilegales para solventar problemas políticos. Glas pide a Cortázar que suba los cupos de venta de combustibles en zonas de frontera donde se sabía que grupos irregulares de Colombia los usaban para la producción de cocaína. Le pide, igualmente, eliminar la restricción de comercialización de explosivos: una señal inequívoca del apoyo y protección que dieron a la minería ilegal.

Se entiende que el vídeo perturbe hondamente al correísmo: muestra cómo ejerció el poder el personaje que ellos han santificado tras ser condenado por corrupción. Los jerarcas del correísmo lograron la proeza de que sus seguidores los desmaterialicen por completo. Como si hicieran parte del santoral católico. Ellos no son los políticos rateros, mañosos y cínicos que fueron: son seres etéreos que viven en un discurso y se defienden, de cualquier acusación, con otro discurso: el lawfare.

Ante sus seguidores, ellos no son sus actos ni los resultados de sus órdenes. Para eso, precisamente, se cuidaron de no dejar nada por escrito. Así Glas existe sin su tío. Y sin Odebrecht. Y ningún correísta, ni siquiera el propio Correa, se toma la pena de explicar por qué la empresa brasileña entregó 14 millones de dólares a un ciudadano llamado Ricardo Rivera. Ellos dirán que los milagros no obedecen a una secuencia lógica.

El correísmo creó su santoral. Y para lo demás -cuando las coartadas capitulan ante las evidencias- inventaron una fórmula mágica: “yo no lo conozco”. Por eso la magia de este vídeo es conectar el santo-Glas con la realidad política y mostrarlo, en su oficina, espiado por uno de los suyos, promocionando, desde las alturas de su poder, violaciones flagrantes a la ley. Todo en nombre de ese proyecto político que él evoca ante Cortázar y en cuyo nombre se cometieron atracos, persecuciones y desafueros legales. Glas dice “en nombre del proyecto” como los camaradas decían antaño “en nombre del partido”. Y eso bastaba para tragar aldabas sin reparar en su porte.

El vídeo prueba la desconfianza que reinaba entre los jerarcas del correísmo. Cortázar grabó al vicepresidente de uno de los gobiernos que más espió a sus adversarios y a los ciudadanos. Y eso explica el volumen alto de la música que se oía en oficinas de algunos ministros y funcionarios prácticamente desde su instalación en el poder. Sabían que los espiaban. Por esa razón, los constituyentes oficiales evitaron usar, en Montecristi, el celular que recibieron regalado apenas se instalaron.
El vídeo materializa a Glas: lo vuelve a su estado de carne y hueso y lo muestra en un decorado teatral digno de la circunstancia: Glas habla bajo a pesar del buen volumen de la música que seguramente le aseguraba distorsionar cualquier grabación a la que se exponía en la propia Vicepresidencia. Nunca imaginó que la cámara y el micrófono que lo iban a inmortalizar delinquiendo estuvieran tan cerca.

Foto: El Universo (Glas con José Luis Cortázar).

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