borrón y cuenta nueva – 4pelagatos

La realidad que se vive en estos días en el país deja ver lo necesario que es dar un giro de 180 grados a la forma de hacer política.

Parece que aquello de las sociedades líquidas que Bauman describía como cambiantes, que  se vuelven individualistas al momento de establecer prioridades y que tienden, en política, a enfocarse en sus propios intereses y no en el de la colectividad, es una realidad en el Ecuador.

Aquellos que debieran ser espacios de pensamiento y deliberación  política y articulación de propuestas viables para dar solución a los problemas nacionales –léase partidos políticos–, no están cumpliendo su rol. Lejos de aceptar las reglas del juego democrático -entre ellas cohabitar responsablemente con quien ganó las elecciones en las urnas- lo que tenemos es un tira y afloja insensato, donde predomina la lógica de si no me das lo que quiero y como quiero, te paralizo el país.

Por otro lado, en lugar de estar debatiendo leyes y promoviendo iniciativas y legislación para ayudar a sacar a flote el país, varios políticos se  articulan para armar comisiones a dedo con fines golpistas. Puro disparo al pie es lo que se está viendo en estos días.

Y mientras tanto, la verdad es que el país necesita caminar, reactivarse, ir hacia adelante, cosa que se está volviendo casi imposible por la paralización política de los partidos que se han dedicado a halar toda iniciativa hacia abajo, en lugar de empujar el país hacia arriba.

¿Dónde está el origen de todo este descalabro político? No toca más que admitir que las reiterativas malas prácticas, la desarticulación en la representación, los perfiles de quienes dicen representar a los ecuatorianos y la mediocridad de los productos legislativos –informes y textos plagados de errores gramaticales y de estilo-, hablan de que es urgente cambiar la forma de hacer política. Y esto pasa necesariamente por cambiar el sistema de partidos, con normas de tal rigurosidad que signifique un borra y va de nuevo en el ejercicio de la política.

El actual régimen de partidos, tal cual como está diseñado, ha provocado tener lo que tenemos: estructuras débiles que no gozan de mecanismos eficientes de democracia interna, ningún sistema eficiente de selección de candidatos, poca renovación en las dirigencias, un reclutamiento desordenado de sus miembros sin registros actualizados y poco interés y compromiso de formación y promoción de espacios de representación de mujeres.

La existencia de más de doscientos partidos y movimientos políticos so pretexto de que “no se debe coartar la representación política” demuestra que esa tesis estaba equivocada. Basta ver la enorme dispersión al momento de las elecciones y el chorro de presupuesto que le significa al Estado financiar agrupaciones que no hacen prácticamente nada y se articulan cada cuatro años para pescar algún espacio local o nacional, o ver si con suerte pueden ser alquilados o comprados por algún avivato.

Cambiar esta realidad requiere forzar un sistema de partidos riguroso que, partiendo de premisas y normativas claras, termine ordenando el ejercicio de la política y encausándola en clave de responsabilidad, equidad y sobre todo ética: esa es la única solución. La estructura político-partidista ya no da más. Los ecuatorianos merecen políticos más profesionales y espacios legítimos cuyo atractivo para participar en ellos sea su estructura y grueso de ideas.

Por eso, para lograr este cambio, no queda más que un borra y va de nuevo: que desaparezca la mayoría de los movimientos y partidos a la luz de reglas estrictas y que únicamente sobrevivan los que demuestren estructuras sólidas. No hay de otra.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

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