Correa tuvo que agarrarse del papa Francisco – 4pelagatos

Rafael Correa desactivó la noche del viernes los comentarios en su cuenta de Twitter porque sabía que, luego del desenlace de la sesión en la que se trató la reforma tributaria del Gobierno, se le venía una tormenta incontrolable de críticas, quejas y reclamos de sus bases. Correa, nunca antes había hecho eso: siempre se ha sentido protegido en redes por sus incondicionales y por el ejército de trolls que neutralizan a quienes lo critican o insultan.

Con su gesto, quiso evitar que su cuenta se convierta en el núcleo donde confluya el coro de mensajes de despecho que, sabía, sus seguidores iban a enviarle luego de que la bancada de UNES permitió que la reforma tributaria entre en vigencia por el ministerio de la Ley. Era previsible que esas bases, muy activas y militantes en Twitter, se iban a sentir defraudadas y hasta traicionadas por su decisión.

El ex presidente se dedicó a replicar los mensajes que los mandos medios colocaban en sus cuentas y que se ajustaban a su relato. Es decir, que la ley  tributaria de Lasso entrará en vigencia no porque su bancada se haya abstenido a la hora de votar por su archivo, sino porque las otras, como Pachakutik y la Izquierda Democrática, se negaron a aprobar su informe de minoría. «Aquí está la verdadera votación de UNES: a favor del -muy buen- informe de minoría, presentado siempre alternativas», puso Correa en uno de los escasos mensajes que escribió.  Sin embargo, hubo unas pocas ocasiones en las que Correa se animó a contestar personalmente. Por ejemplo, respondió a Verónica Tama que había dicho en un tuit que lo que hizo UNES en la sesión era una vergüenza y algo indigno. «Verónica: SIEMPRE hemos estado al lado de la gente, y lo que nos sobra es DIGNIDAD. Por ello, los presos y perseguidos son NUESTROS». A Enrique Santos Jara: «¡Qué pena, Enrique! Pareciera ser que el Gobierno y la ley son nuestros, y que fuimos nosotros los que apoyamos a Lasso. El problema de siempre con cierta izquierda… P.D. ¿Cuántas veces has visitado a Jorge Glas? ¿Te has puesto en sus zapatos? ¡Qué fácil es decir ciertas cosas!», dijo Correa en un mensaje que muchos usuarios de Twitter interpretaron como si afirmara que el acuerdo con el Gobierno fue a cambio de algún favor para Jorge Glas, quien está preso en Latacunga.

La cuenta de Enrique Santos Jara se convirtió, como la de tantos otros cuadros medios del correísmo, en un excelente termómetro de la indignación que había entre las huestes correístas. En esa cuenta aparecen, por ejemplo, mensajes de otras figuras del correísmo que Santos replicó y  que entre el viernes y hoy domingo han echado pestes por lo sucedido. Por ejemplo, había uno de Mauro Andino en el que entrecomilló la palabra ingenuidad para describir lo que hizo la bancada y otro de Cecilia Bossano, que escribió que se se iba a «dormir con profundo dolor, rabia, con decepción. Gracias @bancadaUNESec su abstención nos costará caro». Ahí, asimismo, se podía leer uno de Andrea Ávila Jácome en que decía que la bancada de UNES «debe muchas, muchas explicaciones».

Correa también replicó los mensajes con los que muchos de sus mandos medios contestaron a Leonidas Iza, presidente de la Conaie. Iza exigía en un tuit que exasperó a las jerarquías correístas que se explique «¿cuál fue el pacto #Lasso-Correa?”. Entre esas réplicas estaba, por ejemplo, la contestación de Fausto Jarrín, quien reclamaba a Iza por no haber apoyado el informe de minoría de UNES, o la de la también asambleísta Paola Cabezas quien citó el Evangelio con la frase del viga en el ojo ajeno.

La actividad en redes que hubo en el correísmo fue un  gran operativo de mitigación de crisis, en el que los mandos de ese sector trataban de justificar lo hecho y de posicionar un relato (poco creíble) según el cual los responsables fueron aquellos que no quisieron apoyar su proyecto de reforma. También hubo correístas incondicionales que, para justificar lo hecho, sostuvieron que la ventaja de lo ocurrido es que Lasso va a gobernar con una propuesta de derecha y que el Gobierno, así, tendrá que responsabilizarse del desastre neoliberal que, según ellos, se avecina.

En la narrativa de la dirigencia correísta también circuló en redes la tesis, expresada por Fausto Jarrín en un comunicado largo y vacuo que a nadie convenció: «Si nuestros votos eran los que archivaban el proyecto de Lasso, seríamos golpistas y los que bloquean, y eso se usaría para radicalizar la persecución política…». Las respuestas no fueron las mejores para él: el primer comentario que recibió era de la usuaria Sulma González: «y yo que me jugaba la vida por ti… Me siento dolida y defraudada».

Las redes fueron, en resumen, el escenario de una enorme tensión dentro del correísmo. Sus bases nunca llegaron a sentirse conformes con las explicaciones que dieron sus jerarcas a la decisión de dar paso a la ley tributaria. Rafael Correa llegó a citar al papa Francisco la misma noche del viernes. Al mensaje del papa “No le tengamos miedo a los escenarios complejos que habitamos porque allí, en medio nuestro, está el Señor”, Correa agregó: “las palabras de Francisco calzan como anillo al dedo”. Un  gesto que puede ser leído como la bendición del caudillo a algo que, sabía, iba a generar el repudio de los suyos.

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