El correísmo metió mano a Hernán Ulloa – 4pelagatos

Por primera vez desde febrero, cuando perdió la mayoría, el correísmo consiguió un triunfo en el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, Cpccs: logró torcer la mayoría que se supone es anticorreísta y, con cuatro votos a favor, descalificó a Rosa Matilde Guerrero, primera de la terna que envió el Ejecutivo para la elección del próximo Superintendente de Bancos. En la votación, a Juan Xavier Dávalos y David Rosero (de la antigua mayoría correísta), se unieron el presidente del Cpccs, Hernán Ulloa, y el consejero Francisco Bravo considerados del sector anticorreísta que hizo mayoría en febrero. La socialcristiana Sofía Almeida, de la alianza con el correísmo se abstuvo y María Fernanda Rivadeneira estuvo ausente.

El caso de Guerrero no es pelo de cochino, al menos a juzgar por el interés y el afán que los correístas pusieron en este caso.  Conseguir su descalificación fue una auténtica cruzada en la que intervinieron algunos correístas, sobre todo dos: el ex candidato presidencial Andrés Araúz que pidió al Cpccs que descalificaran a Guerrero alegando que había sido una de las personas que aprobó el feriado bancario. Arauz usó sus redes sociales, incluida la cuenta del Observatorio de la Dolarización, para hacer campaña en contra de la candidata.

El otro frente del correísmo que intervino en esta cruzada para sacar a Rosa Matilde Guerrero fue el del asambleísta Ferdinan Álvarez: él puso la Comisión de Transparencia de la Asamblea (foto), de la cual es Presidente, al servicio de esta causa. Álvarez convocó a los miembros del Cpccs a una audiencia el 6 de julio con el único fin de advertirles que no debían aceptar la candidatura de Guerrero. Álvarez hizo suya la apelación de Arauz y, durante al menos 30 minutos, no hizo otra cosa que hablar mal de Guerrero, convirtiendo la sesión en una auténtica emboscada cuyo único fin era el de persuadir a los consejeros de descalificar a Guerrero porque si no lo hacían tendrían que «responder ante los ecuatorianos». Álvarez calificó a Guerrero como una persona sin ética y dijo que no podía ser nombrada como Superintendenta si fue la asesora y mano derecha de Ruth Arregui, censurada y destituida de la Superintendencia el 22 de febrero por pedido, precisamente, del correísmo. Guerrero ocupaba el cargo de Arregui como encargada.

Lo curioso es que las dos impugnaciones en contra de Guerrero fueron negadas por el Cpccs que, sin embargo, más tarde la descalificó: aquella según la cual decía que había participado como delegada del Banco Central, en la sesión en la que se decretó el feriado bancario, fue negada porque se vio que ella nunca fue miembro del Directorio del banco y no tenía voto. También se descartó la que decía que su título en Ciencias Políticas y Sociología de la PUCE no la calificaba para el cargo de Superintendente de Bancos: la propia Senecyt dijo en un informe que calzaba perfectamente. A pesar de esto, hubo mayoría en su contra.

¿Por qué el correísmo se la tenía jurada a Rosa María Guerrero? Ella sostiene que hay dos causas que las tiene identificadas. La primera: cuando trabajaba en el Banco Central se opuso a la iniciativa de banca electrónica de ese organismo que impulsaba Andrés Arauz, en pleno correato. LA segunda: hay sectores cercanos que no ven con buenos ojos que en la Superintendencia ella haya trabajado para identificar y denunciar ante la Unidad de Análisis Financiero y Económico, UAFE, a 180 instituciones financieras no autorizadas y sospechosas de lavado de capitales y fraudes como el caso de Don Naza, en Quevedo. Este tema, dijo a 4P., le ha significado acosos incluso personales como  llamadas de amenaza a su padre, un anciano de 97 años. Según ella, «el Cpccs, por miedo e intimidación, actuó políticamente en un caso técnico que había que defender la estabilidad del sistema financiero y resguardar los recursos de los depositantes». Ahora ha anunciado que demandará a los consejeros ante la Justicia porque la descalificaron sin permitirle defenserse.

El resultado de la votación del 14 de julio abre la interrogante sobre si el Cpccs dejó de ser un espacio confiable para el gobierno de Guillermo Lasso o, al menos, para los sectores políticos y de la sociedad que se oponen a que el correísmo retome el control en los principales organismos del Estado. De lo que se sabe, el gobierno trató infructuosamente de salvar a Guerrero. Pero también se sabe que los consejeros pensaron que habilitarla y posteriormente elegirla, les hubiera traído consecuencias políticas que no quieren correr. ¿Cambió la mayoría? No, según Ulloa y Bravo, pero se conoce que el Gobierno ha perdido influencia en la mayoría que estaba frenando los intereses de la alianza correísta y socialcristiana que tienen en su agenda cooptar los organismos del Estado, como la Contraloría o el Consejo Nacional Electoral, con gente que cumpla con su agenda política y de impunidad.

Finalmente Guerrero renunció a su aspiración y ahora queda como más opcionado el que estaba segundo, Raúl González Carrión. Él, aparentemente, no tiene problemas con el correísmo. Se sabe que el Gobierno le pidió que renunciara para enviar otra terna, pero él se negó. Al parecer, el correísmo también le metió la mano a González.

Foto Asamblea Nacional

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