El desmadre de Yaku Pérez contra Lasso – 4pelagatos

Yaku Pérez ni hace la tarea ni aprende. Ese es su karma. Se dice ecologísta y defiende los subsidios a los combustibles que estimulan mayor consumo y, por ende, más contaminación. Se dice alternativo y nunca ha dicho cómo reemplazaría los recursos que podrían provenir de la explotación minera. Se dice promotor del turismo y no tiene, salvo una propuesta para recibir mochileros, ningún plan para convertir esa actividad en una industria.

Yaku Pérez no solo no hace la tarea. Es un político desprolijo y temerario en el manejo de la cosa pública. Lo acaba de probar hoy yendo a la Fiscalía con papeles sacados del registro panameño sobre el historial de la Compañía Banisi Holding S.A. propietaria, dice él impropiamente, del banco de Guillermo Lasso en Panamá.

¿Cuál es el delito denunciado? En el contexto de su intervención pública habla de algunos: perjurio, defraudación fiscal, testaferismo, enriquecimiento ilícito… Pero no muestra prueba de ninguno. No va a la Fiscalía, entonces, a denunciar delitos (que para eso es esa institución) sino a elucubrar. Peor, el ex candidato a la presidencia evoca fechas para justificar su presencia en la Fiscalía sin ni siquiera cotejar sus propias premisas o tener en cuenta lo que se ha ventilado en esa seudo-investigación que hace la comisión de Garantías Constitucionales.

Según Yaku Pérez, Lasso abandona el directorio de Banisi Holding S.A. en julio del 2020. Un dato que le permite colegir que estaba violando el mandato de la consulta popular de 2017: esta prohibe a los funcionarios públicos o candidatos a cargos de elección popular tener bienes o capitales en paraísos fiscales. ¿Cómo pudo Lasso violar esa ley desde 2017 si no era funcionario público? Yaku Pérez ignora aquí, además, dos hechos fundamentales que destruyen la presunción que lo llevó a la Fiscalía: Lasso debía cumplir con ese mandato justo antes de inscribir su candidatura presidencial. Lo hizo el 23 de septiembre del 2020 y en una resolución de la Superintendencia de Bancos de Panamá consta que la transferencia de acciones la efectuó el 10 de septiembre; 13 días antes de ser candidato presidencial.

Yaku Pérez habría podido evitar este error siguiendo el desarrollo del show montado por la Comisión de Garantías Constitucionales. Mónica Palacios, asambleísta del correísmo, conoce esas fechas. E incluso ha afirmado que no es el 10 de septiembre la fecha en que Lasso se deshizo de sus acciones sino el 19 de octubre. Ese día, en efecto, se publicó en la Gaceta Oficial de Panamá la transferencia de las acciones a sus hijos. Cualquier abogado dirá que una ley rige desde que se publica en el Registro Oficial porque es de carácter general. Pero que autorizaciones y permisos para particulares rigen desde su expedición.

¿Cómo puede un excandidato presidencial ignorar datos básicos sobre un debate público y, peor, ir a la Fiscalía a hacer denuncias basado en presunciones y sin concretar los delitos? Es inaudito que así proceda una persona que sigue aspirando a la máxima magistratura.

Hay datos de sentido común que Yaku Pérez no maneja, que es su obligación conocer, pues está presentando una denuncia y, más aún, una denuncia contra el presidente de la República. Por ejemplo, él habla de 80 millones de dólares, como si ese fuese el capital que salió del país para fundar lo que fue al inicio una subsidiaria del Banco de Guayaquil. ¿Sabe él cuál fue el capital inicial de esa empresa que hasta en google dice que abrió sus puertas en junio de 2013 y desde 2014 es una empresa Panameña, que allá opera, paga impuestos y allá se capitaliza?

No se trata de defender a Guillermo Lasso: para eso están él y sus abogados y para investigarlo hay comisiones y la Fiscalía que abrió ese expediente desde antes que apareciera en la tarima Yaku Pérez. Se trata de analizar la actitud de un aspirante a la Presidencia de la República que actúa sin información, sin el manejo técnico que un caso como estos reclama, sin la menor prolijidad y con una enorme irresponsabilidad política. El video que Yaku Pérez ha colgado en su cuenta de Facebook ratifica la certeza que ha anclado en la opinión: ni hace la tarea ni aprende. Actúa en el espacio público como un activista simplón disfrazado de estadista y, lo  que es peor, con ínfulas presidenciales.

Foto: El Universo. 

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