Glas es un cangrejo en la bragueta oficial – 4pelagatos

No se sabe si Íñigo Salvador echó una mano al gobierno o complicó su vida. El Procurador General del Estado espera que el habeas corpus otorgado a Jorge Glas sea revocado por la Corte Provincial de Santa Elena. No solo espera: apeló ese fallo e hizo saber que ese proceso fue nulo y carece de validez porque el juez de Manglaralto, Diego Moscoso, para dictar su resolución, debió citar y notificar a la Procuraduría. Y no lo hizo.

La entrada en escena de la Procuraduría complica (o facilita) la tarea de los tres jueces de la Corte Provincial (Silvana Caicedo, Juan Camacho y Kléber Franco) que deberán decidir, este miércoles 18, si Glas retorna a la cárcel. Salvador sumó elementos de ilegalidad a una decisión que ha sido ampliamente cuestionada. En una entrevista el 6 de mayo, con Freddy Paredes, el Procurador repasó los argumentos que hacen inviable, a sus ojos, que el tribunal de Santa Elena ratifique el habeas corpus: la incompetencia del juez, haberlo otorgado en Manglaralto cuando Glas estaba en Cotopaxi y agregó, porque están aparejados, otros elementos de sospecha: el sorteo manual en horario fuera de oficina -el de Glas se hizo a medianoche- que favorece direccionar procesos hacia jueces comprometidos con el resultado de la causa, el perfil del juez Moscoso vinculado a los intereses del correísmo…

Ahora, ¿esa entrada en escena del Procurador complica o facilita la vida del gobierno? Por lo pronto se sabe -porque Íñigo Salvador lo dijo- que está trabajando de cerca con el SNAI para que los dos recursos, que han interpuesto, estén debidamente fundamentados y sean efectivos. En este punto se debe sumar la decisión de la Fiscalía General de participar, como un tercero interesado, mediante un amicus curiae, en la audiencia de apelación.

Es decir, el SNAI tuvo, por presiones externas, que cambiar de estrategia. Este es la consecuencia, en el campo político, de la reacción adversa en la opinión pública que produjo su inacción. El Gobierno seguramente tiene que tener en cuenta los resultados que produce esa política absurda que se puede recoger en la máxima «dejar hacer, dejar pasar»: Francisco Jiménez quiso instalarla en la esfera pública cuando se lavó las manos, arguyendo independencia absoluta por parte de los abogados del SNAI y de su ministerio en ese tipo de comparecencias.

Jiménez se encargó, de esa manera, de sustentar las sospechas que muchos abrigan de que su actitud (dejar hacer, dejar pasar) solo refleja un acuerdo político con el correísmo. Fue tan vergonzosa la actitud del SNAI -y el presidente Lasso inexplicablemente la apoyó en la entrevista con Ecotel en Loja-, que su silencio, en la audiencia de Manglaralto, ampara en parte la defensa de los abogados de Glas que ven en él un aval a la decisión del juez. Nada objetaron: ni la validez de los informes médicos. Ni siquiera pidieron al juez preguntar a Glas dónde estaba en ese momento. De haberlo hecho, el juez hubiera tenido que admitir su incompetencia.

En ese escenario, la posición del gobierno ante la apelación del habeas corpus de Glas es compleja. Si es revocado, como tendría que ser por la suma de irregularidades, el gobierno salva los muebles. No podrá decir que hizo lo que le tocaba: en realidad, ha estado por debajo de sus obligaciones porque su deber era hacer y decir lo que la Procuraduría y la Fiscalía han hecho y dicho. Y de haberlo hecho, muy posiblemente Glas no hubiera sido excarcelado y el país y el gobierno se hubieran ahorrado ese escándalo. Si es ratificado el habeas corpus, la versión del acuerdo con el correísmo no se diluirá diciendo que la Justicia es independiente…

El gobierno está expuesto a riesgos imprevisibles. Unos que tienen que ver con la situación específica, personal y de seguridad de Jorge Glas. Otros de carácter político que involucran la reacción del correísmo y de su bancada en la Asamblea. Porque haber asumido la política de «dejar hacer, dejar pasar» ha multiplicado equívocos en el correísmo que piensa en la excarcelación de Glas como un hecho invariable. De ahí se desprenden otros escenarios que incluyen lo que hará ese sentenciado en caso de tener que volver a la cárcel, el peligro de que desaparezca o, sencillamente, la arremetida política, imprevisible y siempre irracional, que pueda disparar el prófugo de Bélgica.

Foto: El Universo, 

Próxima entrega: los escenarios en juego

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