Informe sobre el asesinato atroz: otra vergüenza – 4pelagatos

La Asamblea cometió otra proeza este jueves 17 por la noche: con 96 votos aprobó el informe de la Comisión Ocasional que fue encargada de investigar qué fue lo que ocurrió en el asesinato de María Belén Bernal, cómo se dieron los hechos y quiénes son los responsables.

Ese informe fue entregado en el plazo estipulado de 30 días. Por supuesto no es una investigación. Tampoco dice cómo se dieron los hechos ni quiénes fueron los responsables, encubridores y cómplices. No hay un dato nuevo. Ni un documento. Es una broma macabra sobre ese execrable crimen que investiga la Fiscalía.

El informe de esta Comisión Ocasional es un refrito de lo que se ha dicho y, en casos, desmentido. No actualiza, por ejemplo, los datos que entregó un abogado de la cadete Jocelyn Sánchez. Basándose en supuestos, las asambleístas establecen una línea de tiempo. Enseguida coligen, concluyen, hacen recomendaciones, piden juicios políticos y se arrogan funciones jurisdiccionales: sí hubo -dicen- responsabilidad estatal y sí hubo responsabilidad política. Como si el crimen lo hubiera cometido el Estado y la investigación y el proceso de sus responsables hubieran concluido.

Asamblea:informe de la Comisión Ocasional

Las asambleístas saben que su informe es una tomadura de pelo. Por eso recuerdan que la Fiscalía “tiene el deber jurídico de establecer estos hechos para determinar si realmente Germán Cáceres pudo actuar solo luego del femicidio de María Belen Bernal o si recibió la colaboración y ayuda de otros servidores policiales”. Es claro: no saben nada; no aportan nada. No esclarecen por qué el teniente de policía, Germán Cáceres, asesinó a su esposa en la Escuela Superior de Policía. Pero cuestionan que el ex ministro Carrillo haya dicho que fue un delito pasional.

Se dirá que es un informe político, y eso es una coartada. En ningún país serio -salvo en la sociedad política criolla- se piensa que un informe hecho por un Congreso puede decir cualquier cosa, sumar estulticias y -para ajustar cuentas con el Gobierno de turno- acusar al Estado sin pruebas y endosarle reparaciones de todo tipo.

Un dato revelador es ver cómo las autoras -Ana Cecilia Herrera, Yeseña Guamaní, Mireya Pazmiño, Marjorie Chávez y Amada Ortiz- conjugan el informe en condicional o pospretérito. Habría sido Germán Cáceres. La habitación de Cáceres está en un bloque que colinda con las villas asignadas para el director y subdirector, que quedan a 10 metros, y habrían estado desocupadas. Se habrían encontrado botellas de alcohol consumidas por los instructores. El ingreso de cónyuges o parejas sentimentales a la Escuela Superior sería una práctica común sin importar la hora o el motivo de la visita. Por testimonio de los cadetes que estaban en ese lugar se conoció que la víctima habría gritado varias veces solicitando auxilio. El cuerpo de María Belén Bernal habría permanecido todo el domingo 11 de septiembre en su vehículo. Cáceres se dirigió al bloque 3 de oficiales, lugar donde habría mantenido relaciones sexuales; esto cuando María Belén Bernal se encontraba en la cajuela del vehículo. La Policía habría estado realizando diligencias de triangulación de llamadas en el sector de Casitagua… Y así.

¿En qué fuentes se basaron para redactar esas 79 páginas? Lo dicen: “de manera primordial” en la “información brindada por la madre” de la víctima y en notas de prensa. Así, sin hechos investigados y corroborados, las asambleístas construyen lo más parecido a un informe-popurri: mezcla de declaraciones de la ONU sobre violencia contra la mujer, citas de la CIDH y de teóricos, referencias al número de policías arrestados en Ecuador, violencia en Ecuador contra las mujeres (acoso verbals, abuso emocional, abuso físico, abuso económico, femicidios)… y deducciones políticas cuyos contextos olímpicamente ignoran.

¿Qué queda? Un arreglo de cuentas político con el gobierno. Con Diego Ordóñez, secretario de Seguridad, con Patricio Carrillo, ex ministro del Interior, con Fausto Salinas, comandante de la Policía, con Paola Flores, ex secretaria de Derechos Humanos. Y, particularmente, con el presidente de la República.

Él fue citado y obviamente no compareció. “Su excusa -dice el informe textualmente- da cuenta de la indiferencia y apatía con la que trata el femicidio de María Belén Bernal, así como de la intención manifiesta de obstaculizar la labor de la Comisión Ocasional” para que el Ecuador conozca la verdad respecto incluso de sus propias actuaciones, en este caso.

La cereza del pastel es decir que “era indispensable que el presidente emprenda de manera directa un adecuado manejo y gestión de crisis en torno a los hechos”. Esa semana, Lasso estuvo en Nueva York en la Asamblea de la ONU. Precisamente las cinco asambleístas, que ignoran las tareas de un presidente, le reprochan su decisión “de cumplir una agenda internacional” y de haber dejado la investigación a cargo del Ministro del Interior, el Comandante de la Policía y la Fiscal General. Lasso es culpable de no haber reemplazado a la Fiscal General del Estado. Y lo acusan de haber vulnerado, así, el derecho a la verdad y a la Justicia de las víctimas. De la madre de la asesinada y de su hijo.

En claro, este informe nacido de la bancada correísta, hecho a la carrera, armado con retazos, es una afrenta a la memoria de la víctima y a la verdad que merece conocer su familia y el país. Nadie descarta responsabilidades eventuales del gobierno y del Estado. Pero eso requiere una investigación prolija y profesional; no arrebatos politiqueros.

Lo hecho por esas cinco asambleístas y aprobado por 96 votos en el legislativo, es una vergüenza.

Foto: Expreso.

Este análisis se publicó anoche, 20 de noviembre, en el Boletín dominical de 4P. Si desea recibirlo, suscríbase por favor gratuitamente aquí: GPS4P.

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