Iza cree que el país es lelo – 4pelagatos

Aquellos que no los conocen que los compren: Leonidas Iza y sus amigos están procediendo exactamente como hacen los guerrilleros en una negociación. Quizá una anécdota ilustre el caso: cuando Andrés Pastrana, presidente de Colombia, decidió negociar con las FARC -con Manuel Marulanda, Tirofijo- se encontró con una sorpresa. Él y su séquito planteaban una lista de pedidos que, en cada reunión, se alargaba sin remedio. La estrategia era evidente: retardar el diálogo, complicarlo, volverlo tan eterno como intrascendente.
Y, claro, tras una sorpresa aparecía otra: la guerrilla cambiaba de estatus a los mediadores que fueron, consecutivamente, facilitadores o simplemente grupo de amigos… Tirofijo evitaba de esa manera tener que dar cuentas a alguien. Le interesaba tener testigos ante los cuales quejarse del incumplimiento del gobierno. Pastrana no incumplía, simplemente la guerrilla volvía la negociación tortuosa e incierta. Le interesaba, entretanto, tener una tribuna nacional e internacional ante la cual ganar estatus político en detrimento del gobierno legítimamente elegido.

Miren a Iza: la cortina política en su caso está consignada en 10 puntos para negociar. Su estratégica no era esa: era un golpe que él y sus financistas echaron a correr sin tener, esta vez, control sobre todos los factores objetivos y subjetivos para llegar a buen puerto. ¿Qué hizo Iza? Volver a atrincherarse tras la cortina política de los 10 puntos. El gobierno le respondió y, además, anunció medidas que solventaron algunas de esas exigencias. Iza las ninguneó. Pero, al darse cuenta de que la protesta no agarraba y que estaba fuera de calendario a causa de la estrategia de contención del gobierno (él pensaba entrar a Quito el 15 pero sólo lo pudo hacer el 20) calificó las mismas medidas de “muy importantes”.

¿Qué tenía que hacer ante ese escenario? Aceptar el diálogo, discutir los mecanismos para llevarlo adelante y priorizar los puntos a debatir. De hecho, él mismo había dicho que el gobierno bien podía priorizar algunos puntos e incluso citó tres o cuatro.

Pero las cosas no son tan sencillas con un guerrillero profesional. ¿Qué hizo Iza? Convertir lo que debía ser un diálogo franco y expedito en una aventura incierta donde él pueda decidir el tipo de trofeo con el cual quiere salir de Quito y el tamaño de la derrota que quiere infligir al gobierno. Un guerrillero no solo gana, también humilla. La consecuencia está a la vista. Iza agrega puntos a los 10 anunciados (el ministro del Interior habló de dos exigencias más) y vuelve imposible la negociación. ¿Recuerdan a Tirofijo? Él quiere para sentarse que el gobierno declare que el país es una zona franca donde ellos, Leonidas Iza y sus amigos, puedan hacer lo que bien les plazca. Convertir a las fuerzas del orden en guías turísticos que abran el camino a sus violentos y a sus vándalos. Eso en sus términos se llama “cesar las acciones de represión y de criminalización”.

¿Por qué el presidente Lasso emitió un decreto de Estado de excepción? Porque Iza y sus amigos no han vacilado en convertir sencillos campesinos en delincuentes que destruyen cosas a su paso y violentan a sus conciudadanos. Esa fue la causa. Pues bien: la Conaie quiere que el presidente derogue el decreto sin que desaparezca la causa que lo motivó. Más tétrico aún: que se comprometa a no dictar otro decreto similar. Hay que ser osado para creer que el gobierno y el país son totalmente lelos. Sin ese decreto, los militares tendrían que volver a sus cuarteles y los violentos harían con el país lo que lo que un lobo hambriento en un gallinero.

La tercera exigencia es del mismo tenor. Que la fuerza pública no pueda intervenir, si fuese necesario, en los centros donde está su gente. El cuarto punto es para enmarcar: que el gobierno no pueda declarar “inviable” ninguna de sus peticiones. En cuyo caso, surge una  pregunta: ¿para qué sirve la negociación si el gobierno tiene que firmar, sí o sí, lo que a él y a sus amigos se les antoje? Iza no sabe, no quiere saber lo que es una negociación en la cual las dos partes tienen que ceder para que el acuerdo sea lícito ante las partes y sostenible políticamente. Lo que él entiende por negociación es una capitulación pura de la contraparte ala cual él agrega, como hizo con Lenín Moreno, una sesión de humillación pública. Iza es un guerrillero.

¿Cuál es su estrategia? Prolongar el conflicto, hacer creer a la población que es el presidente Lasso el responsable de desmanes y violencia que ellos, legítimamente irritados ante su obcecación, provocarán en la capital y en otras ciudades. ¿Se entiende la comparación con los métodos de Tirofijo?

Iza no entenderá porque, además, no quiere mediadores. Él sigue convencido de que puede hacer con el país lo que le dé la gana.

Foto: El Universo.

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