La Comisión donde se aplaude la estupidez – 4pelagatos

El nivel de la Comisión de Garantías Constitucionales que investiga los Pandora Papers, se puede resumir en este episodio: los miembros de la mayoría aplauden entusiasta y rabiosamente al asambleísta Mario Ruiz, de Pachakutik, luego de anunciar con gran solemnidad un descubrimiento: Guillermo Lasso no fue personalmente a dar su versión porque no está cómodo sentándose con negros, montuvios, cholos e indígenas. Ah, y que la mayoría de miembros de la Asamblea, como él, son hijos de trabajadores que no agachan la cabeza ante las élites que se han acostumbrado a vivir del trabajo de los ecuatorianos.

El atronador aplauso se desató el jueves en la mañana cuando comparecía el secretario de la Administración, Iván Correa, en el marco de las investigaciones que la Comisión hace sobre los Pandora Papers. Los compañeros de Ruiz lucían embelesados por su declaración, sobre todo las correístas Victoria Desintonio, Paula Cabezas y su compañero de bancada y presidente de la Comisión, Fernando Cabascango. Ruiz no dejó ahí su insólita interpretación, basada en la raza y la condición social, de la conducta de Lasso sino que, molesto y fastidiado por la presencia de Diego Ordóñez y Ana Belén Cordero de CREO en la sesión, lanzó casi enseguida otra proclama que fue la que disparó las palmas de correístas y pachakutiks. «Aquí están los representantes de la crema-nata (sic) de la sociedad, de los bancos de este país, de las empresas transnacionales mineras… Están acostumbrados a que el cholo, el indio, el montuvio les baje la cabeza y hoy no es así…».

Lo de Ruiz y el aplauso se produjo en una tensa sesión en la que los miembros de la mayoría de la Comisión, visiblemente molestos porque aún no consiguen las pruebas de que Lasso violó la ley, trataron insistentemente de sacar a Correa declaraciones relacionadas con su vida profesional y privada antes de que fuera funcionario público. Durante al menos 20 minutos, las correístas Fernanda Astudillo, Victoria Desintonio y Paola Cabezas, así como el propio Ruiz, le preguntaron una y otra vez sobre las acciones, empresas o bienes que ha tenido a lo largo de su vida. El funcionario, asistido siempre del secretario jurídico de la Presidencia, Fabián Pozo, se negó una y otra vez a responder alegando que solo lo iba a hacer si había preguntas relacionadas con la Secretaría de la Administración; cargo que ocupa desde el 24 de mayo. Impotente ante la negativa, Desintonio varias veces decidió alzar la mirada a las cámaras de los medios y exclamar que la negativa de Correa no era una negativa a la Comisión sino al pueblo ecuatoriano. «Nosotros no importamos, el que importa es el pueblo».

La escena se repitió algunas veces: le preguntaban a Correa por alguna transacción suya en el pasado (hubo una referencia a 1993). De las tres correístas la más intensa era, sin duda Desintonio que incluso le hizo una pregunta relacionada con los cargos pasados que tuvo su esposa. «Ponga en actas señor secretario que el señor Correa Coronel no quiere responder, pero no importa porque nosotros ya tenemos esa información», exclamó la asambleísta.

Llegó a tal punto el acoso a Ivan Correa, que Diego Ordóñez de CREO pidió un punto de orden, en el que hizo notar que las preguntas que le hacían al funcionario no tenían relación alguna con el tema que investiga la Comisión: Lasso y su supuesta evasión de impuestos por haber tenido patrimonio en una offshore. Ordóñez acusó a las correístas de estar violando la intimidad de la vida familiar de Iván Correa por las preguntas relacionadas al patrimonio de su esposa.

Los comisionados intentaron que Correa entregara información que ellos tenían: le pidieron que entregara la carta que Lasso envió al Consorcio de Periodistas de Investigación que hizo la publicación de los Pandora Papers, a lo que Correa les dijo lo obvio: que eso debían pedir al Consorcio. Hubo exigencias que rayaban en lo cómico. Por ejemplo, cuando Ruiz le pidió que dijera si es cierto o no que es dueño de la empresa Concrea… El funcionario hizo entender que para qué le preguntaba si él tenía en sus manos su declaración juramentada de bienes.

Luego del aplauso a Ruiz intervino Édgar Quezada de Pachakutik de una forma que no deja dudas sobre el nivel de la Comisión. Quezada fue incluso más solemne, ceremonial y pausado que Ruiz: aceptó que no se ha encontrado nada ilegal en la conducta de Lasso pero dijo que es muy grave para el Ecuador y su pueblo que los ecuatorianos inviertan su dinero en el exterior. Ese dinero debe estar aquí, dijo, como si saboreara cada palabra. Si fuera por Quezada, jamás una empresa ecuatoriana podría ampliar su presencia a otros países porque eso sería, según él, «muy malo para el pueblo ecuatoriano».

No es la primera vez que en esta Comisión se crispan los ánimos por la calidad de las preguntas y la actitud de los asambleístas. Hace una semana fueron tres altos funcionarios del Servicio de Rentas Internas, SRI. Los interrogaron durante casi de una hora y les formularon preguntas que podía haber hecho un niño de primaria. Nada extraño que se les haya visto contenidos, pero a punto de perder la paciencia. Paola Cabezas que es, supuestamente, uno de los cuadros más importantes del correísmo en la Asamblea, no lograba entender cómo alguien, como Lasso, que ha declarado un patrimonio de alrededor de 39 millones, ha pagado 588 millones en impuestos. «Algo está mal y no cuadra», repetía ella poniendo cara de haber hecho un descubrimiento relevante, aunque era evidente que no entendía que, como le explicaban los funcionarios, una cosa es lo que ha pagado una persona como impuesto a la renta y al patrimonio, y otra, muy diferente, lo que ha pagado como accionista del Banco de Guayaquil.

Lo que ocurre en la Comisión de Garantías que investiga los Pandora Papers va mucho más allá de la escasa preparación y nivel intelectual de los asambleístas. Es la demostración de lo que ocurre cuando el sesgo ideológico contamina y embota la razón.

Foto: Asamblea Nacional

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