La Fiscal dio sopa y seco a los correístas – 4pelagatos

Si sabes que el día de la pelea te van a meter una paliza, finge ser aliado de tu adversario: parecería que los correístas que citaron a la fiscal Diana Salazar a una comparecencia a la Comisión de Transparencia de la Asamblea, pensaron que, siguiendo esa máxima, saldrían bien librados del show que habían montado una semana atrás. La idea era moler a su archienemiga y sentar las bases para un juicio político en su contra, acusándola de persecución a los 93 asambleístas que crearon la comisión que destituirá a Guadalupe Llori, presidenta de la Asamblea. La estrategia no funcionó y fueron ellos los que ayer quedaron molidos y humillados luego de la comparecencia.

El correísmo, que está lleno de penalistas y tinterillos, evidentemente se percató de que acusar a la Fiscal de haber incumplido sus funciones por iniciar una indagación previa -que estaba obligada a seguir-, fue una equivocación. Sus socios socialcristianos en la creación de la comisión les habían advertido que no los acompañarían en un juicio a Salazar, por no haber una causal que legitime el juicio político. Cualquier estudiante de primer semestre de derecho penal sabe que la indagación previa es un proceso irremediable tras una denuncia. Por eso, cuando llegó la Fiscal a la sala donde funciona la Comisión de Transparencia, los ánimos no eran ni de lejos los que hubo antes del fin de semana cuando los correístas inundaban sus redes sociales con consignas en su contra.

Incluso así, las cosas no salieron como estaba previsto en el libreto de los organizadores que habían llenado la sala de periodistas y cámaras de televisión. La  presentación de la Fiscal General sobre los fundamentos legales de su decisión fue como una lección de maestra en jardín de infantes. En un power point dejó en ridículo los argumentos que los voceros del correísmo lanzaron en su contra la semana anterior.

Para entender la dimensión de la paliza propinada por Diana Salazar, bastaba ver a la estridente y agresiva Mónica Palacios, que se había llenado la boca con amenazas de juicio y epítetos en su contra, no abrir  la boca. O al presidente de la Comisión de Transparencia, Ferdinan Álvarez, siempre listo a dar cátedras de derecho, coincidir en todo  con la Fiscal. Ronny Aleaga, que había pedido la convocatoria, sin preguntas, decidió contar a la Fiscal la línea de tiempo del caso, con Llori como acusada. Luisa González , siempre agresiva, saltó a los InaPapers y el caso Las Torres, pero fue conminada por su coideario presidente de la comisión a centrarse en el tema de la convocatoria. A los correístas les fue muy mal: la presentación de la Fiscal llegó a ser tendencia en Twitter.

La mayor evidencia de la anunciada paliza del correísmo fue la ausencia en la sesión de sus dos punta de lanza: Fausto Jarrín y Marcela Holguín. ¿Cómo explicar que el abogado de Correa, que se había prodigado ante los periodistas dos días antes dando razones para que se enjuicie a Salazar, no fue a la comparecencia? ¿O que la coordinadora del bloque de UNES, siempre tan diligente e hiperactiva con los temas de su líder, no haya estado?

Diana Salazar no solo se apoyó en su power point. Introdujo en la sesión una idea de la que quedaron prendados los que se suponía iban a ser sus acusadores: todos están usando el derecho penal y la Fiscalía en sus agendas políticas. Lo dijo, primero, haciendo alusión a la denuncia de Llori pero también por la demanda que el correísmo presentó, el martes en la mañana y bajo la autoría de Fausto Jarrín, en contra de la Presidenta de la Asamblea.

La humillación pudo ser. Pero los ánimos caldeados y los incidentes que propició Álvarez le permitieron clausurar la sesión. Álvarez había dicho, para evitar que alguien interrumpa a su compañera Luisa González, que en su casa había aprendido que nunca se interrumpe a una mujer. Al parecer no aprendió la lección porque ordenó callar a Blanca Macancela de CREO que había recordado a los correístas que ellos habían querido politizar la justicia con la amenaza de juicio a Salazar. Eso originó la reacción de los asambleístas del Gobierno y Álvarez aprovechó la circunstancia para pedir a la Fiscal, con gran alivio, que dejara la sala sin que conteste algunas preguntas que estaban pendientes y clausuró la sesión.  Así acortó la faena que estaba despachando la Fiscal en sus propios terrenos.

El resto lo hizo, en una patética escena, el asambleísta José Ricardo Chávez, hasta ayer un ilustre desconocido: acusó a gritos y como loquito al gobierno por un supuesto amotinamiento en la cárcel de Santo Domingo. Él graficó a la perfección el desenlace de una obra teatral en la que una parte de los actores se extraviaron trágicamente del guion.

Foto Asamblea Nacional

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