La foto de la miseria política nacional – 4pelagatos

Una fotografía política es, entre tantas cosas, un mensaje. Y no hay político que no crea que las imágenes que produce deben representar y transmitir los valores que dice encarnar: su verdad, como decía Raymond Depardon. Una fotografía política es, entonces, una puesta en escena de un mensaje y una forma de organizar una imagen que, como se sabe, comunica sin palabras. Pero necesita ser explicada.

Virgilio Saquicela, presidente de la Asamblea, y siete asambleístas produjeron la fotografía motivo de este análisis. Él sentado en medio de Marcela Holguín y Darwin Pereira; vicepresidentes de la Asamblea. Ella jefe del bloque correísta y él supuesto rebelde de Pachakutik (PK) y amigo de Leonidas Iza. A su lado derecho aparecen Marlon Cadena, Rodrigo Fajardo y Yeseña Guamaní, oficialmente expulsados de la Izquierda Democrática. Del lado derecho están Esteban Torres, jefe de la bancada del Partido Social cristiano y Mireya Pazmiño, funcional a Iza y expulsada reciente de PK.

Una fotografía -y más si es política- interpela entusiasmos y emociones de las audiencias. Su contexto y su mensaje promueven miradas y posturas. ¿Suscita alguna emoción esa fotografía? ¿Qué une a sus protagonistas? ¿Qué transmite?

Imposible ignorar el barroquismo del decorado que riñe, hasta licuar, la ilusión de autoridad que se lee en la presencia de banderas, no en los personajes. Ese caos visual delata improvisación: esos protagonistas son piezas de un rompecabezas ocasional. Se han arrimado fortuitamente cinco sillas. Esta imagen niega cualquier aliento institucional que se haya pretendido comunicar. El decorado es explícito: ahí no importan las formas.

¿Qué quieren transmitir? Que están juntos. ¿Y juntos para qué? Para decir al país que no admitirán que un juez meta las manos en su operativo político destinado a alzarse con un bodrio correísta que, en sus cálculos mezquinos, necesitan. Lo necesitan para mantener la opacidad y la impunidad. ¿Y eso cómo se transmite? Argumentando con una solemnidad que la imagen se encarga de negar, que ellos (los que están ahí sentados) representan el primer poder del Estado.

Es claro que esos 8 asambleístas y sus equipos de comunicación ignoran que la imagen que producen, además de suscitar emociones, también desencadena procesos de racionalidad valorativa. En ese sentido, es imposible no verlos como representantes y miembros de una institución que suma entre 5% y 7% en los afectos de los ciudadanos. Esa imagen caótica, de salón particular con invitados que llegan a última hora, los guillotina.

En eso contribuye sobremanera la composición de la fotografía. ¿Quiénes están ahí? Los dos jefes de los bloques que han montado el asalto al Cpccs: Marcela Holguín y Esteban Torres. Los dos descuellan por haber aprendido todas las miserias de la vieja política. Virgilio Saquicela es el empleado de Correa y de Nebot; un peón destinado a superar a los viejos maestros en corruptelas, tretas y traiciones de la política criolla.

Cadena, Fajardo y Guamaní son comensales de última hora. Oportunistas de baja estofa que un día recitan principios y, a día seguido, se asocian con aquellos que violan lo que ellos dijeron adorar. Pereira y Pazmiño representan lo peor que políticamente ha parido Pachakutik y la Conaie. Personajes cínicos dispuestos a dar golpes de Estado o desestabilizar económicamente al país. No hay en su caso diferencia alguna con lo peor que ha producido el populismo político en el cual se dan la mano principalmente los correístas y los nebotistas.

Aquí están juntos, arriman las sillas y posan para generar una imagen que, en la mirada sobre su temporalidad, remite al pasado. A un país estancado. A una sociedad política sin principios ni valores; unida por amarres ocasionales, distante del país real, sellada por impunidad.

Esta fotografía ilustra la miseria de la política nacional. Políticos arrinconados por la corrupción para perpetuar un modelo que se hereda. De padre a hijo; de líder a líder. Torres, Holguín, Guamaní, Pazmiño, Cadena… prueban que las fronteras ideológicas son meros biombos para embaucar a ingenuos.

Foto: Asamblea Nacional. 

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