La política sigue en manos del hampa – 4pelagatos

Supuestamente hubo conmoción social por el habeas corpus que un juez parroquial otorgó a Jorge Glas. Y conmoción podría haber porque el mismo Glas declara, sin ambages, que él estuvo cuatro años y medio preso sin que la Justicia hubiese esgrimido prueba alguna contra él. Como si Odebrecht hubiese regalado a su tío 14,1 millones de dólares en algún concurso público de caridad. Pero esas son calenturas.

Hay algo más público, más escandaloso, más inquietante si se quiere: el correísmo es hoy, para una mayoría de la sociedad política ecuatoriana, un punto de mira, un referente. Jaime Nebot se peleó con Guillermo Lasso porque el presidente rompió su alianza con Rafael Correa. Rafael Lucero fue a México a verlo, cuando todavía era jefe de la bancada de Pachakutik. Los mal llamados rebeldes de ese movimiento hacen bulto, al igual que los tránsfugas de la Izquierda Democrática, con los asambleístas correístas. Los autodenominados independientes que no están con CREO, también se arriman al correísmo como si fuera un buen árbol. Sin duda esperan que su sombra los cobije.

El correísmo es en la Asamblea un factor dirimente. La suma de votos se hace a partir de los suyos, que son 47. Los socialcristianos ponen 14. Los mal llamados rebeldes son 6. Y los tránsfugas de la ID, o en trance de serlo, son siete. Hay allí votos para lo que quieran. O casi. Y puede haber más.

Pero, claro, quien tiene los votos pone la agenda. Y el correísmo y el PSC, con sus nuevos aliados, han echado a correr sus prioridades: tumbar a Guadalupe Llori y luego alzarse con el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Esa es la escuela: la política convertida en el arte de secuestrar organismos de control, poner allí funcionarios de bolsillo que permitan robar, hacer contratos amañados, obras con sobreprecio u obtener habeas corpus sobre medidas. En esa escuela se ofertan servicios a la carta.

Ecuador ya tuvo a Abdalá Bucaram. Pero ese modelo de raterías no compite con el correísmo. Odebrecht, de regreso al país de mano de Lula, llegó con un esquema infinitamente más sofisticado para robar. Y ese sistema, porque de eso se trató, llegó con entronques con el narcotráfico y con gobiernos cómplices (Irán, Rusia, Bielorrusia… ) que convirtieron la ruta del dinero en una misión prácticamente imposible de seguir. El correísmo es más: un relato cínico del manejo del poder, de su capacidad para negar la realidad, crear mundos paralelos en nombre de los más pobres, de los marginados, de los excluidos. Y una capacidad orwelliana para perseguir a la prensa independiente que ose meter las narices en sus negocios. Porque eso es la política para ellos: un negocio sucio con millones de dólares escondidos.

Que Nebot se haya apuntado a defender el correísmo y la “Comisión de la verdad” habla de la descomposición de la política y del sujeto político que él cree encarnar. Porque si él fuera el líder de centro derecha y el político transparente que dice ser, no podría componer con el delincuente que convirtió la política en un basurero de autoritarismo y corrupción. Tiene estómago Nebot.

La adhesión de los socios (rebeldes o tránsfugas) se explica sola. Hay que ver sus perfiles y entender que, gracias a Xavier Hervas o Yaku Pérez; gracias al momento excepcional que ellos tuvieron y capitalizaron en votos, esos rebeldes y esos tránsfugas pudieron llegar a la Asamblea. Ahora tienen por delante un cuarto de hora o una cuarta de poder. Y están desesperados porque aquello se traduzca en más poder, en más canonjías, en más dinero, en impunidad total.

El correísmo es la escuela y es evidente que tiene, en las otras bancadas, seguidores y alumnos. Esa escuela enseña que el poder, para ser un negocio, necesita funcionarios de alquiler. Defensores del pueblo, fiscales, jueces a su servicio en sus provincias. Troncha. El correísmo no solo consumió el espíritu de sus seguidores y asambleístas: es hoy el referente de esos políticos que tienen juicios en la fiscalía o en los tribunales y glosas en la Contraloría. Políticos con hambres atrasadas y apetitos ilimitados.

Que el correísmo sea el factor dirimente de esa política, que se define por el número de votos, delata la descomposición de la sociedad política. Y que aquello no implique una reacción significativa de parte de los políticos sensatos y honestos, prueba su incapacidad para entender el momento dramático que vive el Ecuador. Porque no parecen entender que  la política -que es su oficio- está en manos del hampa.

Foto: fotomontaje 4P. 

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