las puntadas que faltan al presidente – 4pelagatos

La partitura sobre la seguridad que tocaron, este viernes 27, el presidente Guillermo Lasso y su ministro del Interior, Patricio Carrillo, se antoja acertada para el momento aciago que atraviesa el país. Lo hicieron en Guayaquil, en el Coliseo Voltaire Paladines, con motivo de la graduación de 446 nuevos policías que se sumaron a los 300 que ingresaron el día anterior en Quito. Ellos hacen parte de un plan para sumar, en los tres años que le restan, 30.000 policías a los 52.000 que hay. Solo hicieron falta algunas puntadas políticas para que el país vislumbre un primer esfuerzo integral en un tema tan complejo. Cinco elementos lo conforman.

  1. La seguridad es una prioridad para el gobierno: el presidente saca las conclusiones de la angustia ciudadana, particularmente presente en Guayas y Esmeraldas, que plasman los sondeos. La inseguridad es hoy, por encima del desempleo y la crisis económica, la primera preocupación de la ciudadanía. Ante esa urgencia, Lasso dibujó la disyuntiva (ser permisivo o enfrentar las pandillas de delincuentes) y refrendó su decisión: enfrentarlos y recuperar el territorio que los anteriores gobiernos les cedieron graciosamente. En las cárceles y en las calles. Lasso habló de tomar todas las decisiones necesarias dentro de “una estrategia de guerra contra el hampa”.
  2. La inseguridad no debe ser explotada políticamente: es el mensaje que el presidente envió a las bancadas de la Asamblea Nacional y a sus líderes. “Con la seguridad -dijo en su discurso- no se juega”. Ese problema no debe hacer parte de la campaña política que se avecina. Según dijo, gobierno y Asamblea deben trabajar en forma coordinada, por encima de las diferencias políticas, para impulsar leyes que permitan a la fuerza pública operar efectiva y adecuadamente.
  3. La sociedad debe unirse: el presidente la convocó a hacerlo. Y dijo que el gobierno liderará ese proceso. Que en él deben participar los 221 municipios, las prefecturas, la sociedad civil, la prensa, la academia… En ese punto ratificó que no se debe politizar el tema y que hacerlo es una señal de irresponsabilidad con el país. Se entiende que el Estado fortalecerá las Fuerzas Armadas y la Policía: las entrenará, capacitará, equipará en armas, tecnología y herramientas de investigación e inteligencia.
  4. La prensa es parte de la solución, no del problema: el presidente no fue explícito en este punto, pero está claro en su mensaje la zozobra que causan en Carondelet las críticas justificadas y sobre todo el populismo periodístico que destilan algunos reporteros. “El enemigo -dijo Lasso- no es el gobierno. El enemigo son los delincuentes”.
  5. Salvar a niños y jóvenes drogadictos: el presidente habló de niños de 9 años y de jóvenes de 15 y 16 años que sufren problemas de drogadicción y cuyas familias, de escasos recursos, no saben qué hacer. Una desgracia agravada por la falta de empleo y por la carencia de centros públicos para atender a esos niños y a esos jóvenes. No dijo específicamente qué piensa hacer en este caso.

¿Qué puntadas faltaron? Las de siempre. No basta convocar la sociedad a unirse. O llamar a las bancadas y a sus líderes políticos a no politizar el tema. Si el gobierno -como es obvio- lidera esta cruzada, tiene que definir el plan de seguridad. Solo así -como dijo el ministro Carrillo- se “podrá optimizar recursos, ser más eficiente en las acciones y más efectivo en los resultados” en la lucha contra la delincuencia.

Conceptualmente el gobierno sabe, y el ministro lo recordó, que debe “generar consensos mínimos y unificar propósitos” con los gobiernos autónomos seccionales, con la ciudadanía y con la academia. Y  solo esa visión integral -conceptual y operativa- garantiza que las instituciones puedan intervenir al unísono y en forma estratégica. Eso es una política de Estado. En su discurso, el ministro del Interior habló -y ese es un ejemplo- de cómo los gobiernos autónomos descentralizados son decisivos “en la creación y coordinación de los Consejos Locales de Seguridad”.

Se entiende que la convocatoria para que el país luche unido  por la seguridad, debe traducirse en mecanismos concretos que puedan ser concertados entre las instituciones y operados por la fuerza pública con gobernaciones, gobiernos locales y prefecturas. Ese es el proceso real que debe liderar el presidente. Y esa tarea implica acuerdos conceptuales, políticos y operativos que deben quedar registrados en fotos y videos para que el país sepa que elegidos y autoridades marchan unidos en el mismo terreno. Sólo así la lucha por la seguridad dejará de ser una promesa retórica, en general, y populista -en casos como el de Cynthia Viteri en Guayaquil-, y se convertirá en un bien público sin bandera partidista y con apoyo ciudadano.

Foto: Presidencia de la República. 

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