¿Por qué ellos corren tras Correa y Nebot? – 4pelagatos

La segunda pregunta y las siguientes no se han planteado. La primera, -¿a qué viajó Rafael Lucero a México?- tiene una respuesta obvia: a ver a Rafael Correa. A partir de ahí, se extiende un drama político que el país padece y que es claro -por la misma acción de Lucero; ejemplo icónico en este caso- no quiere superar. No sabe cómo.

Lucero es de Pachakutik que, teóricamente al menos, representa una alternativa política independiente de los partidos tradicionales. A México fue a hablar con Correa para indagar, por lo que se sabe, si podía contar con sus votos para que su movimiento mantenga la presidencia de la Asamblea. Cualquiera que sea la explicación, el caso concreto es que fue a negociar con Correa que, él debe saber, es prófugo de la Justicia. Bueno, no solo prófugo. Es ex presidente de un gobierno que persiguió a mucha gente y, entre ellos, a indígenas y adherentes de Pachakutik. Un gobierno acusado de robo, endeudamiento chulquero con la China y contratos de obras con sobreprecio y tan mal hechas que no hay quién se atreva a recibirlas. Un gobierno que despilfarró y concentró el poder para, entre otras cosas, actuar con total impunidad. Esa letanía podría alargarse sin esfuerzo. Pero todo eso no preocupó al coordinador de la bancada de Pachakutik, que sigue en su cargo.

¿Conclusión? Para Lucero (y para Pachakutik) la política es tener poder y no importa si lo debe negociar con el autócrata que los persiguió. En claro, aquello escrito en manuales supuestamente ideológicos, en la Constitución y en el Código de la Democracia -que dicen acoger y respetar- es puro cuento. Ese es el biombo. La política realmente practicada es la que se hace por detrás: Lucero en México.

Consuelo de tontos: Leonidas Iza, presidente de la Conaie, hace lo mismo. O Jaime Nebot. Aquí la lista también es extensa y es desmotivadora para aquellos que creen que la sociedad se ancla en valores democráticos. Que sin Justicia independiente no hay estado de derecho. Que la política sin ética es demagogia. Y que el relativismo ético -ese anarquismo cínico que sustenta gobiernos ineficientes y ladrones- convierte la democracia para la gente en una entelequia y la política en una mala palabra.

¿Cómo entender que el PSC defienda el acuerdo fallido con Correa en una de sus críticas contra el gobierno de Lasso? ¿Cómo entender que no se haya opuesto a la “Comisión de la Verdad” sabiendo que eso implica meter la mano a la Justicia y que esa supuesta verdad no saldrá de un proceso (que ya hicieron fiscales y jueces) sino de la voluntad del prófugo para que lo declaren clínicamente impoluto?

Se dirá que también allí hay idealismo. Porque, precisamente, ese era el negocio: que Correa limpie su expediente, que Henry Kronfle, del PSC, se quede con la presidencia de la Asamblea y que, Correa y Nebot, se queden (como se van a quedar) con el Cpccs. Les interesa tener Contralor y hasta Fiscal General de bolsillo. El pasado los persigue y la necesidad de impunidad los une. Por eso no sueltan el poder. Por eso están actuando al unísono y aprisa ahora que Carlos Pólit ha hecho un acuerdo con la Justicia de Estados Unidos. Que haya gente alrededor suyo que se queda sin visa los tiene en máxima alerta.

Idealismo, claro. Porque la sociedad lejos de poder armar la tarea democrática, es rehén del desquiciamiento de esa sociedad política que -con pocas excepciones- pedalea en el vacío. Que Lucero esté en las mismas, que asambleístas de Pachakutik, de la Izquierda Democrática y autodenominados independientes corran desaforadamente tras la alianza de Correa y Nebot, para no quedarse por fuera del reparto, explica el drama político que vive el país. No importan sus credos, sus declaraciones, sus posiciones. No creen en el poder transformador de la política; solo la usan como biombo para negocios mafiosos en los cuales miden su poder. Por eso causan desesperanza y viven bajo sospecha.

No hay política alternativa y no hay alternativa en esa política. Por eso el gobierno produce tanta desazón. Porque creó la percepción, por mérito propio, de que se alió con el correísmo. Y aunque lo ha negado, no acaba de mostrar la senda por la cual el país podría (nada en ese campo es seguro) tratar de escapar de esa plaga que, como se ve con Lucero y los otros, es altamente contagiosa.

Foto: diario El Universo.

NOTA:
Este contenido ha sido publicado originalmente en la siguiente dirección: Haz Click Aquí

TAGS:

Deje su comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *