¿Protesta social o acto de guerra? – 4pelagatos

El gobierno sigue dando muestras de buena fe, de sentido democrático y de apertura al diálogo. Ahora abrió la Casa de la Cultura y El Arbolito en Quito y Francisco Jiménez, ministro de Gobierno, dijo, en un video, que lo hacían para que no hubiera violencia ni tampoco excusas. No dijo el ministro que hubo un canje con la Conaie. Volvió al deseo de que cesen los cierres de vías y los ataques. Que haya libre movilidad de personas y bienes; especialmente de alimentos y medicinas. Que la protesta se haga dentro de la ley y que se sienten para iniciar de inmediato la negociación.

La Casa de la Cultura fue entregada, entonces, como un gesto de buena voluntad, en el marco de negociaciones cuyo desarrollo seguramente el gobierno estima auspicioso. Por eso ha cedido un espacio que hacía parte de su planteamiento estratégico para contener la acción del movimiento indígena y evitar volver a Octubre-2019.

La apuesta es arriesgada. No parece que, ante la realidad, la solución pase por seguir dando señales de buena fe sin obtener que Iza y sus amigos procedan de la misma forma. En esas circunstancias, los actos de buena voluntad solo pueden ser vistos como señales de penosa debilidad. Y como expresión de la más prosaica ingenuidad nacional.

La película que se está proyectando es la de una sociedad que no sabe quién la puede defender de lo que está ocurriendo. No se trata de desconocer la labor sacrificada de la Policía y de las FFAA. Se trata de responder cómo es posible que un grupo social pueda estrangular medio país, secuestrarlo, tomar pozos petroleros, amenazar el sistema eléctrico, sitiar ciudades como Quito, desabastecerlas, obligar a la población a no trabajar, permitir movilización hasta de ambulancias con sus salvoconductos, obligar a los comerciantes a cerrar puertas, entrar a fincas y extorsionar a sus dueños, envenenar el agua en Ambato. Y, además, lavarse las manos de lo que hacen grupos que han salido con ellos a la calle, que ya quemaron la Contraloría, que ahora atacaron la Fiscalía, andan con armas en la calle, intentan de nuevo atacar la Contraloría, hacen lo que quieren con bazucas de fabricación casera…

Octubre de 2019 traumatizó a la sociedad. Pues esa pesadilla está de retorno. Y no se entiende cómo el gobierno, ahora de Guillermo Lasso, está en las mismas condiciones. ¿Este ataque es el de una protesta social dirigida por un líder indígena como ha habido tantos? No. Más se parece a un acto de guerra. Con estrategia de guerrilla urbana. Con amenazas de paralización al sistema eléctrico y dejar a los habitantes sin gas. Con voluntad de convertir al movimiento indígena en Estado encargado de distribuir salvoconductos y regular la vida cotidiana de los habitantes. Aquí hay un plan para hambrear a Quito. Para inmovilizar al gobierno. Para aterrorizar a los ciudadanos.

¿Controlar puntos estratégicos, inmovilizar a la población, hambrearla, pedir zonas de paz (lo cual supone que el resto es de guerra y recuerda lo que hizo Tirofijo en el Caguán), tomar control del territorio, volver imposible una negociación, es lo propio de una protesta social?

El éxito de mercadeo político de Leonidas Iza, sus amigos y aliados es vender este paro justamente como una mera protesta social. Y es tan cierto que, ahora, sin que al parecer extrañe que la Conaie se comporte como Rusia en Ucrania y estrangule ciudades para ponerlas bajo su férula, hasta la Iglesia le dé un tratamiento de ejército invasor: propone una tregua entre el Estado y ellos.

Todo esto ocurre como si fuera normal lo que el país vive y también normal que el Estado ni pueda defenderse ni pueda restituir el orden ni pueda dialogar. Normal que Iza y sus amigos puedan violentar la ley con total impunidad. ¿Acaso la situación en la que han puesto al país no es la suma de un enorme ramillete de delitos, todos castigados en el código penal? ¿Y todo eso -que acarrea cientos de millones de dólares de pérdidas para el país- hay que endosarlo a su sensibilidad de clase y a su paraguas mediático llamado protesta social?

El país está nutriendo grupos subversivos, populistas que so pretexto de hacer el bien, pueden violar la ley y erigirse en Estado paralelo. ¿El país sabe lo que está sembrando? ¿Sabe que está expidiendo pasaporte para que cualquier iluminado so pretexto de hacer el bien se imponga por la fuerza y el terror?

Ser de buena fe es una virtud. Ser ingenuo o pendejo en el ámbito público, es imperdonable.

Foto: El Universo.

NOTA:
Este contenido ha sido publicado originalmente en la siguiente dirección: Haz Click Aquí

TAGS:

Deje su comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *