¿Qué sigue juntando a Nebot con Correa? – 4pelagatos

Un año largo lleva el PSC organizando el asalto a las instituciones de control. Desde que Sofía Almeida, sobrina de Luis Almeida, asambleísta del PSC, fue reelegida presidente del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, Cpccs. Desde el 13 de junio de 2021.

Un año largo lleva la alianza del partido de Jaime Nebot con el correísmo, representado, en el Cpccs, por Juan Javier Dávalos, y el ex MPD, que en ese consejo personifica David Rosero. Se dirá que las alianzas son saludables en política. Y sí. Pero no para perpetrar asaltos. ¿Qué justifica, entonces, esta santa alianza?

El correísmo no necesita explicar sus motivaciones. El Cpccs es el mayor esperpento en la Constitución de Montecristi y es de su autoría. Le sirvió para solapar la opacidad y corrupción de su administración y para mantener a sus funcionarios, y al propio Correa, a buen recaudo de fiscales y jueces. Y como de eso tan bueno para ellos no dan tanto, quiere eternizar la fórmula. Necesita desvanecer casos y glosas en la Contraloría y remendar virgos y dignidades perdidas en la Fiscalía y en las cortes.

El socialcristianismo practicaba con holgura ese deporte desde antes de que Correa llegara a Carondelet. Controlar fiscales, jueces, contralores, superintendentes, procuradores… hacía parte de su modus operandi que imponía a los gobiernos de turno. El PSC no está de acuerdo con el quinto poder, pero no desdeña usar sus beneficios. Al fin y al cabo el Cpccs facilitó e institucionalizó meter la mano en los organismos de control.

El ex MPD -Unidad Popular desde el 27 de septiembre de 2014- es un partido batiburrillo de la vieja izquierda revolucionaria del Ecuador. Como buenos leninistas, sus dirigentes no desprecian capturar espacios de poder en el Estado. Y no tienen remilgo alguno en hacerlo con sus competidores considerados, incluso, enemigos de clase.

No los une, como es evidente, mejorar la democracia, aupar la transparencia, tener autoridades probas. Esta santa alianza revela, por el contrario, algunas de las peculiaridades de la peor política que ha producido el país. El mayor y más viejo partido de la derecha populista, unido a lo que fue la mayor esperanza colectiva de las últimas décadas que derivó en autoritarismo y corrupción y a uno de los partidos de la extrema izquierda que acaricia catecismos comunistas obsoletos.

Se unen, porque tienen los mismos intereses y urgencias: controlar y someter los organismos de control. Eso equivale a jugar sin reglas, con arbitro comprado. Esta santa alianza es una confesión pública demoledora para la democracia. Sobre todo de parte del Partido Social Cristiano. No solo no le incomoda defender el bodrio de Rafael Correa que el propio Jaime Nebot ha criticado. Hace equipo con el prófugo para poner un contralor que tenga las mismas características que tuvo Carlos Pólit.

El PSC no está haciendo campaña ni moviendo las frutas para que el reemplazo del contralor subrogante sea un personaje intachable, independiente, probo. De eso ni habla. Se junta con el correísmo sabiendo su historia, sus actos de corrupción y sus objetivos. Nebot nunca ha explicado por qué se alía con el correísmo en este caso. Tampoco en su intento de exculpar a Correa (mediante una comisión política bautizada de la verdad) o en sus intentonas golpistas (el comunicado de Alfredo Serrano no pudo ser más elocuente). Y no ha explicado, porque no tiene una explicación decente y democrática. Y no la tiene porque sabe que Correa carece de razones políticas favorables para el país y desborda en razones judiciales: necesita limpiar expedientes y glosas. Sus escándalos de corrupción y sus delitos los quiere esconder, diluir, desaparecer.

¿Por qué Nebot acolita a Correa? La sospecha de que él, el PSC, amigos y cercanos están en las mismas condiciones es inmensa. Que asambleístas de PK, ID e independientes -algunos de ellos con demandas encima- se hayan matriculado en esta causa solo ratifica la peor corolario planteado: esta captura del Cpccs revela algunas de las peculiaridades de la peor política que ha producido el país.
La más importante, en este caso, es que la política chueca o corrupta rehúye la transparencia. Otra: los políticos chuecos y corruptos, se digan demócratas, progresistas o autoritarios, no respetan las reglas. Quieren delinquir sin obstáculo. En esta santa alianza, todos barajan las cartas de la misma forma.

Foto: El Universo.

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