¿Submarino de Correa o ingenuo sin parangón? – 4pelagatos

Rafael Lucero, jefe de la bancada de Pachakutik, contribuyó a cernir la dicotomía que plantea el correísmo a la sociedad política: estar a favor o en contra de la “Comisión de la Verdad” que quiere Rafael Correa y que, en realidad, debería llamarse “Comisión de la impunidad”.

Tras su viaje a México, donde se reunió con Correa, Lucero dijo que ese era el objetivo mayor de su interlocutor. Dijo más: que quien quiera los votos del correísmo en la Asamblea tiene que ser favorable a la creación de esa comisión encargada de lavar integralmente a Correa, cara y cuerpo, y volverlo tan inmaculado como él se cree en la dimensión que vive.

Lucero, sin quererlo, acaba de zanjar las discusiones bizantinas que hay sobre el correísmo. Ya está: quiere impunidad y para ellos necesita una comisión que debe ser llamada -como no puede ser de otra manera- de la verdad. Y Lucero, por carambola, acaba de dejar sin piso a Francisco Jiménez, ministro de Gobierno. Jiménez sorprendió a muchos con un relato que, despojado de hojarasca, decía en suma: se puede dialogar con el correísmo por fuera de esas consideraciones que implican meter la mano a la Justicia para limpiar el casillero judicial del prófugo.

Por supuesto ese discurso llegó envuelto en algunas consideraciones sociológicas (la fracturas que quedaron tras los diez años de correísmo) y otras ecuménicas (hay que acabar con el odio) para pacificar el país. Y como Lasso, según dijo, necesita gobernar en paz, él se ofreció como el gran pacificador. Para ello, el ministro de Gobierno pidió prestado parte del credo correísta y realizó una construcción teórica que aterriza, por la fuerza de los hechos, en dicotomías sencillas: ¿creyó Jiménez la retórica de Correa sin percatarse de que su estrategia es la impunidad? ¿No advirtió que ese planteamiento lo perfila como un submarino del correísmo o como un ingenuo sin parangón?

Lucero ha puesto los relojes a la hora. Y ese ejercicio deja fuera de lugar al ministro Jiménez. Ahora, él tendría que explicar al país, ¿de qué habla con el correísmo cuando es claro que el correísmo solo habla de impunidad? ¿Pacificar al país implica cerrar los ojos ante las maniobras del correísmo para quedarse con la Asamblea, alzarse el Cpccs y permitir que pongan Contralor, Procurador, CNE, Fiscal, jueces… de bolsillo?

Es curioso que Jiménez hable de superar el odio, olvidando su formación en Francia. ¿Acaso el correísmo, sus políticas, sus robos, su persecución, su modelo económico puede ser reducido -pasando de la sociología y la política a la sicología- a una suerte de teoría de los afectos? El correísmo montó ese relato para vaciar su modelo de sus contenidos profundamente reaccionarios, autoritarios y corruptos. ¿La tarea de Jiménez es componer con el correísmo? ¿No es acaso ubicar ese grupo delincuencial en las antípodas de lo quieren los demócratas, los defensores de los derechos humanos, las minorías, el libre mercado y la decencia y transparencia en el manejo de la cosa pública?

Jiménez (desde antes de llegar al Gobierno) es un ministro ambiguo, que juega con las palabras, que inspira profunda desconfianza. Es un ministro que habla del correísmo en pasado, como si Correa y los suyos hubieran mutado. Es un ministro que parece abogado de la oposición antidemocrática y no el representante de un gobierno republicano; resultado de años de resistencia al autoritarismo de aquellos que hoy lo acorralan -con su consentimiento- en la Comisión de Fiscalización o en la reunión con los bloques legislativos.

¿Quiere Jiménez acabar con “la agenda del odio” admitiendo sin revirar el relato del correísmo que dice que los demócratas son los corruptos, que Glas fue un perseguido, que la corrupción por la cual está preso fue un invento, que ellos jamás metieron la mano en la Justicia, que nunca robaron, que Odebrecht fue espejismo, que los cargos que instruye la Fiscalía son producto del Lawfare?

¿Submarino del correísmo o un ingenuo sin parangón? En cualquier caso, un ministro así no es un fusible para un presidente: es un lastre. Y por eso Jiménez ha concentrado gran parte del desasosiego que embarga la opinión, ante un gobierno que no procesa el vacío político que con tanto ahínco produce.

Foto: Diario El Universo. 

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