un punto de quiebre inédito – 4pelagatos

Con la detención de Leonidas Iza y otros dirigentes o activistas acusados de violencia y actos vandálicos, el presidente Lasso generó un quiebre en la sociedad ecuatoriana. Los hechos sucedidos esta madrugada, producto de los actos vandálicos de ayer lunes, plantean una disyuntiva al país que es política y profundamente cultural (como todo quiebre que tiene que ver con las formas de ser y hacer de los ciudadanos): Ecuador está hoy compelido a optar entre más Octubre-2019 y el cumplimiento de la ley.

Ningún crítico de Leonidas Iza desconoce su derecho más legítimo a la protesta. Sus reivindicaciones pueden ser justas o no; pertinentes o no. Eso no se debate. Lo que es indiscutible es que él, para tratar de viabilizarlas, violentó todos los mecanismos previstos en la Constitución y en la ley para convivir en sociedad. El debate no es, entonces, sobre  la legitimidad de lucha social ni sobre la necesidad de luchar contra la pobreza: es sobre los procedimientos para defender y operar esas causas.

Ahora los defensores de Iza, sus leales y los oportunistas, dicen que su detención fue ilegal, violenta y arbitraria. Es decir, sí conocen el contenido de esas palabras. ¿Cómo así no lo aplican a lo que hacen Iza y la Conaie en sus paros? ¿No les parece violento la quema de patrulleros, el ingreso a la fuerza a empresas agrícolas o florícolas, el ataque a buses y autos particulares, la detención de ambulancias, la ocupación de vías, la invasión de algún pozo petrolero… y la letanía puede seguir? ¿No les parece ilegal que una organización y su líder den ultimátums al presidente de la República, públicamente lo amenacen y contemplen, entre sus prioridades, sacarlo del poder porque no hace lo que ellos decretan?

Iza hace imposible el avance de cualquier agenda social y, lo que es más grave, el progreso de esa agenda en las comunidades indígenas que, como todo el mundo sabe, hacen parte de los sectores más pobres del país. Iza y la actual dirigencia de la Conaie confunden la agenda social con su agenda ideológica-política y su programa de gobierno con un pliego de peticiones con mayor carácter coyuntural. ¿Quién dijo que para que una organización dé curso a su agenda, supuestamente social, el país debe ser paralizado y sus ciudadanos deben aceptar que sus líderes y sus seguidores se vuelvan -así sea por una semana- sus verdugos, perdonavidas, dueños de las calles, de salvoconductos y, en general, de sus derechos?

La decisión del gobierno de Guillermo Lasso produce ese quiebre en el país. No entre ricos y pobres. O entre izquierdas y derechas (para aquellos que siguen estacionados en esos parajes). El quiebre tampoco es sobre el contenido de las contradicciones ni sobre la visión que las sustenta. El quiebre radica, esencialmente, en dos puntos. Uno, el sistema de principios y valores que articula la convivencia entre diferentes; y, dos, la forma de procesar las contradicciones. Claramente hay aquí una disputa entre una democracia endeble e imperfecta y un proyecto autoritario al cual Iza puso nombre: comunismo indoamericano. Lo terriblemente desgraciado es que de por medio él interponga las comunidades pobres que, como es evidente, requieren atención urgente y sostenida.

¿Qué regula el juego político, social y de cosmovisión que está sobre la mesa? La fuerza y la violencia, para Iza. La Constitución y las leyes para los demócratas. Algún rato -ojalá fuera ahora- la sociedad debe dar un salto hacia mayor madurez y sensatez. Esos atributos no son de izquierdas o derechas. Se debe cuidar lo que se tiene y lo que es público y no destruirlo pensando que, al hacerlo, se procura el bienestar de los más desfavorecidos. Esa no es, por desgracia, la única patraña doctrinaria que Iza promueve. El país debe entender que si hay elecciones y hay elegidos, hay que respetar los plazos de esos períodos. Y que los presidentes, legítimamente elegidos, no pueden convertirse en muñecos de caudillos que se autonombran salvadores del pueblo. El quiebre también pasa por ahí: ¿se cree en la democracia y sus instituciones o no?

El quiebre es, entonces, político, conceptual y profundamente cultural. Leonidas Iza tiene derecho a ser respetado como líder, como político y como ideólogo: pero tiene que jugar con las reglas de la democracia, así quiera subvertirla. Lo ilógico de sus defensores es hablar de legalidad y de protestas pacíficas cuando el país ve, en realidad, violencia, intimidaciones y decisión de llevar el país al caos, pretextando defender a los más pobres. Pues no: así no se defienden. Así los usan para mantenerlos más pobres. Ellos son su negocio político.

La disyuntiva que emerge de la detención de Iza es sencilla: más Octubre-2019 o el cumplimiento de la ley como único instrumento de convivencia para civilizar contradicciones y proyectos de poder. Con su decisión, el presidente Lasso zanja de un solo tajo una serie de ambivalencias a las que, por supuesto, no solamente Iza ha jugado.

Foto: Diario Expreso. 

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